Música y neurociencia


Hoy en día es muy común que los seres humanos escuchemos música todo el tiempo, incluso desde el periodo de gestación comenzamos a escuchar los latidos del corazón de nuestra madre, su voz y los sonidos que se encuentran cerca, lo cual favorece nuestro desarrollo afectivo, cognitivo, sensorial, motor y social.

Pero, alguna vez te has preguntado ¿Qué provoca la música en tu cerebro?

Si queremos comprenderlo, tendríamos que dejar de entender la música como una emisión de sonidos, hay que ir mucho más allá de eso, necesitamos comprenderla como arte, algo mágico que desarrolla nuestro estado emocional, que nos ayuda a expresar sentimientos, que cambia nuestro estado de ánimo; podría ser una fuente pura de energía o llevarnos al extremo de la melancolía.

Muchos son los estudios que afirman que escuchar música es una de las cosas más placenteras en la vida, al liberar dopamina estimula y promueve cambios a nivel psicoemocional.

La música es un conjunto de señales acústicas que nuestros oídos recogen y envían a nuestro cerebro, ahí se decodifican y se les da significado, todo esto pasa en cuestión de segundos, para ello el cerebro tiene que involucrar a las emociones, una de las encargadas de convertir las canciones en algo comprensible” explica Stefan Koelsch, Neurocientífico y profesor de psicología de la música en la Freie Universität Berlin.

Ahora, pensemos en qué pasaría si un grupo de personas se reúne para transformarse en una banda gigante de música. Las personas que se dedican a hacer música experimentan diferentes habilidades cognitivas, las cuales trabajan en armonía para lograr apreciarla, interpretarla y crearla. Incluso, estudios han demostrado que quienes se dedican o han dedicado a la música, tienen una mejor comprensión de lectura y habilidades extraordinarias para manejar información de memoria a corto y largo plazo.

Cuando hacemos música en equipo, las melodías crean lazos que nos unen, nos hacen compartir emociones, y nos hacen más empáticos. Por ejemplo: en algunas culturas del mundo, utilizan la música para solucionar diferencias. Cuando escuchamos música, se activan partes del cerebro encargadas de la imitación y la empatía, de esta forma podemos sentir o compartir las emociones con otros.

Cuando hacemos música en conjunto, también podemos valorar la comunicación; además de llevar un ritmo armonioso, se busca tomar conciencia del pulso del equipo y la fuerza de la colaboración. La descoordinación es el primer paso para la reflexión, pues con que uno sólo salga de ritmo, todo se pierde, lo mismo pasa con la comunicación y el trabajo en equipo.

En este ejercicio, es necesario dejarlos solos para que se acostumbren a solucionar una eventual crisis sin la presencia de un líder, la tarea en un principio es difícil pero la armonía logra imponerse.

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